5 months ago

Hacer lo Correcto: Merecer a Edric — BCR

Hacer lo Correcto:

Merecer a Edric.

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Alan había soltado una buena cantidad de dinero para que aquellos oficiales dejaran pasar el percance por debajo de a mesa. Sin embargo, sabía que ahora era cuando comenzarían a llegar los verdaderos problemas.

Había fumado alrededor de ocho cigarrillos en el transcurso de ese encuentro, no se atrevía a pasar al bar hasta que sus amigos hubiesen sacado a todo el público por la puerta trasera.

De pronto, un empujón lo hizo impulsarse hacía adelante.

—¿Qué mierda te pasa?—Se giró quedando sorprendido—¿Artemis?

Pero al chica parecía haber olvidado su nombre, lucía desorientada y descompuesta. Alan la hizo girar en su dirección, la luz de las farolas cerca del recinto hacían ver a sus ojos más macabros de lo humanamente posible.

Incluso él sintió a su corazón brincar de la impresión.

—Él me engaña, Alan.—Soltó en un susurro sintiéndose idiota.

Alan no comprendía de qué demonios hablaba.

Continuó:—Tenía a una chica esperándolo en su camerino.—Explicó, cuando, de repente, se dio cuenta de que lo más probable era que él lo supiera.

Que todos sus amigos lo supieran. Le habían visto la cara de tonta.

La voz de Katherine hizo eco en su memoria.

—Eso no tiene ningún sentido.

Alan no estaba seguro de muchas cosas en la vida, pues ella misma se había encargado de desprestigiarse ante los ojos del chico. Sin embargo, si existían pocas cosas en el mundo a las cuales llamar amor, en definitiva era a lo que Edric sentía cuando miraba a Artemis.

No necesitaba que él se lo confesara, todos —absolutamente todos— podían notarlo. Todos menos la única persona que realmente debía saberlo.

Artemis rió sacándolo de su ensimismado pensamiento:—No puedo creer lo estúpida que he sido.

Alan elevó sus cejas incrédulo, pero rápidamente compuso su expresión. Esta chica necesitaba un cable a tierra.

—Artemis, estoy seguro de que lo que haya pasado fue un malentendido, —le dijo— mejor espera a que Edric llegue y aclaren todo.

—¡Yo no necesito que me aclare cómo iba a acostarse con esa chica!—Soltó abruptamente generando una punzada de irritación en el rubio.

Estaba a punto de perder los estribos con ella. Lo sentía, estaba cerca.

Pero ella no se detuvo: —¡Yo no merezco esto!—continuó—¡No necesito esto!

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Entonces Alan explotó.

—¡Pues claro que si, maldición, claro que lo mereces!

Artemis se alejó de la impresión, Alan se veía acalorado, salvaje y abrumado.

—¿Alan?—dijo suavemente—¿estás bien?

Él chasqueó la lengua con sorna.

—¿Querías mi opinión no es cierto?—Se acercó sigilosamente a ella:— Pues eso es lo que creo; creo que mereces todo eso y más.

Ella se quedó sin aire.

No tienes ni una pequeña idea todo lo que Edric ha hecho, y seguirá haciendo, por ti.—La miró con desagrado— Como si valieras la pena, o como si fueras lo suficientemente lista para valorarlo.

Vives dentro de tu maldita burbuja de autocompasión en donde solo tus excusas merecen ser escuchadas, cuando no eres más que una egoísta.—Artemis quiso huir de su cercanía, pero Alan la tomó por la muñeca y la retuvo presa e intimidada—. Tienes razón, puede que haya mujeres a su alrededor, pero no espero que lo entiendas. Tú y yo somos seres que no nacimos para ser rondados por personas que nos quieran.

—Alan, suéltame.—Más allá de estás asustada, no quería seguir escuchando lo que aquel rubio tenía para decirle. Las lágrimas empezaron a bajar por sus mejillas.

—Entonces,—Continuó ignorándola— llega a tu vida una persona capaz de ver a través de la capa de mierda sobre ti y lo único que sabes hacer es desconfiar de ella. Pues tienes razón; ojalá Edric te hubiese engañado.

Artemis chilló y lloró más fuerte.

Pero el rubio no se detuvo: —Sin embargo, estoy seguro de que no fue así.—Aclaró sin inmutarse por el llanto de la espeluznante chica— Porque ese hijo de puta, al contrario de ti, jamás haría nada para lastimarte.

—Por favor, detente.—Suplicó.

Alan la miró por un momento y rió sin ningún tipo de gracia:—Pero eso no será por mucho, Artemis.—Le advirtió una vez ella comprendió que no se detendría hasta decir todo lo que tenía guardado— así que la verdadera pregunta es esta: ¿qué piensas hacer tú para impedirlo?

¿Qué?

—No te entiendo.—Confesó calmando su estado.

Alan la miró sin expresión.

—Por supuesto que no.—Le dijo.— Artemis, no me importa si la razón por la cual viniste aquí sea, o no, verdad. Ya es tu turno de merecerlo.

¿Quieres ser la chica con la que Edric se quede? Entonces gánalo; sé la chica que se merezca tener a Edric consigo.—Le aconsejó más calmado y pausadamente.— No dejes que mierda de tu mente salpique sobre él y lo convierta en algo que no es, porque cariño, va a llegar otra, sea esa del camerino u alguna más guapa, y le hará creer que lo merece más que tú.

La soltó, pero Artemis no se pudo dar cuenta de eso, pues sus ojos y su cuerpo se negaban a reaccionar y alejarse de Alan. La había arrojado con fuerza—y sin aviso— contra el suelo.

La voz de Edric hizo eco a sus espaldas, por lo que Alan fue el primero en romper el contacto y mirar sobre el hombro de la chica, bufó negando con la cabeza y se alejó de ella. Iba a encender el noveno cigarrillo de aquella noche.

—Alan...—Quiso hablar, quiso decirle algo más, pero no encontró las palabras.

—No te molestes,—chasqueó la lengua— solo haz lo correcto.—Pidió.

¿Qué era lo correcto a todas estas?

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Pueden encontrar la historia completa en Wattpad, el link está en mi perfil.

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