8 months ago

Jardín de Amapolas — Capítulo I: Una Llamada

Jardín de Amapolas:

Una Llamada

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Bonnie siempre me decía que debía hacer planes de contingencia.

Aunque ella era una paranoica hipocondríaca que me había forzado a convertirme en la relajada y simpática chica del peor trío jamás antes visto. Por lo cual, mi función en el equipo era llevarle la contraria continuamente y obligarla a disfrutar del momento.

Jamás estuve tan equivoca antes.

Y parado frente a mi estaba el testimonio viviente de uno de mis más grandes accidentes.

El chico somnoliento silbó algo sorprendido y se apoyó en el umbral de su puerta, su mirada recorrió las piernas de Autumn y se detuvo nuevamente en su rostro. Tenía la sonrisa torcida y el cabello despeinado, eran casi las 3:00 AM cuando recibió aquella inesperada visita de la chica que menos se habría imaginado tener en su puerta.

Sin embargo, sus ojos —y lo que sea que se formaba en su mente— se inclinaba más hacía la burla que a la lástima o empatía.

¿Una llamada?—Repitió aclarando su garganta. Sus ojos entornaron las expresiones en el rostro de Autumn, cualquiera que fuera mirado de esa forma se habría sentido exactamente igual a ella; torpe y expuesta.

Autumn infló sus mejillas y tiró aún más abajo de su corto vestido. Quería que la tierra se abriera y la tragara justo ahora, porque jamás, en toda su vida, pensó que acabaría necesitando ayuda del ser humano más arisco, insípido e irritirando que había nacido en el mundo. Alan Roy era la personificación de todos aquellas historias que empezaban con un "había una vez un hombre ermitaño..." que su maestra de primaria usaba como ejemplo en los cuentos infantiles.

Él cruzó los brazos sobre su pecho esperando una mejor explicación que esa.

Ella se estaba congelando en su puerta.

—Necesito llamar a alguien que pueda venir por mi, Alan.—Explicó nuevamente— Mi celular no tiene batería y necesito una llamada.

—¿Y decidiste tocar a mi puerta?

—Eres la persona más cercana que conozco en esta zona.

—Bueno, por lo que veo, sola no estabas—Dijo haciendo un gesto en dirección a su atuendo y a los zapatos altos que para ese momento llevaba en su mano.—¿Por qué no les pides a ellos una llamada?

Bostezó y desordenó su cabello aún más. Al parecer, su excusa no era lo suficientemente buena para merecer su ayuda.

Si la situación no hubiese sido tan desesperada desde su punto de vista, lo más probable es que se habría dado el lujo de sentirse indignada y se largaría ahora mismo de la entrada de su departamento. Pero hacía demasiado frío y las calles estaban muy solas cómo para volver caminando.

En el club no había nadie que se preocupara por ella. Aunque, siendo honestos, creo que jamás lo hubo.

Así que todo lo que quedó por hacer fue seguir apelando al lado humanitario del ser menos humano del planeta.

—Vamos,—suplicó—solo es una llamada. Prometo que será rápido y te desharás de mi antes de lo que te des cuenta.

Alan solo la observó en silencio y negó sonriendo. Ahí, apoyado donde la luz quedaba a su espalda y solo dibujaba su contorno, tenía cierto aire dominante y engañoso.

—¿No lo entiendes, cierto?—Preguntó de pronto capturando su atención.

¿Qué?

—¿De qué hablas?

Alan se acercó a ella, indiferente, confiado y con ganas de reírse a mi costa:

—Autumn, ¿realmente crees que puedes tocar a mi puerta a las 3:00 AM con los tacones en la mano y usando ese vestido sólo porque necesitas una simple llamada?

—¿Qué tiene de malo mi vestido?—La rubia trató de no temblar bajo su escrutinio. Sus ojos no la veían soezmente, era su jactanciosa personalidad lo que hacía que todos creyeran que ese era su estado perenne.

—Supongo que nada,—respondió con simpleza—lo que tiene de malo es la chica desastrosa que lo está usando.

Autumn arrugó el ceño de inmediato:—Eres un desagradable

—Y tú una desesperada en la calle.—Sentenció callando su boca.

Después de todo, no había mucho que pudiera decir para defenderse y él terminara ofreciéndole esa llamada. Antes de poder responderle, Alan chasqueó la lengua y se hizo a un lado. Retuvo el suspiro de alivio cuando lo vi pasar dejando la puerta abierta a su espalda.

—Solo una llamada, Autumn.—Soltó desde la pequeña sala de estar. Ella entró como quien se aventura en la selva sola y oscuras a sabiendas de que puede tomarse con algún animal salvaje dentro.—Te quiero fuera de mi apartamento en diez minutos.

Autumn asintió rápidamente sin decir nada. Él volvió a observarla de arriba a abajo en silencio. A veces, —y ojalá fueran pocas— moría por conocer qué pensaba sobre ella, pues él nunca se sintió atraído al igual que los otros hombres; Alan no me encontraba atractiva de esta forma, sino rara. Lo cual, para Autumn, eso era lo raro.

Buscaré algo para abrigarte,—dijo— tu lindo vestido me arruina la imaginación.—Y se adentró en su habitación.

Frunció el ceño y bajó la vista a su cuerpo; las luces del club no le habían permitido darse cuenta antes, pero la bebida que Ingrid derramó sobre su vestido lo había vuelto transparente en el área de sus pechos.

Y no llevaba sostén.

Que noche tan horrible.

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Gracias por formar parte del comienzo de esta historia, sean bienvenidos y espero la disfruten tanto como yo disfruté escribirla.

Infinitas gracias por leerme.
Siempre será un placer para mi ser leída por ustedes.
Recuerden darle like y comentar si les gustó.
Hasta pronto.
Besos.

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