a year ago

Lo que no es justo en el amor - ¿Hasta dónde estamos dispuestos a soportar?

Lo que no es justo en el amor:

¿Hasta dónde estamos dispuestos a soportar?


Sé honesto contigo, no conmigo, y dime: ¿realmente reconoces hasta dónde, o cuánto, estás dispuesto a soportar? No pongas excusas, no mientas, porque no me estás engañando a mi.

Deja ya de mentirte.

Durante años has ido acumulando y cargando culpa y remordimientos innecesarios. A veces, sin darte cuenta, permites ser abusado buscando saldar esa deuda. Es por eso que muchas de tus malas experiencias, son, en gran parte, una mala consecuencia.

Igual a esta, dónde solo yo tengo la culpa.

¿Quieres un consejo? no lo busquen en mi, hasta el día de hoy aun no he podido levantarme.

Pero si les contaré un poco mi historia, no para darles lástima, sino para que no crean que esto es solo otra anécdota de superación personal que quiero darles.



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"
...

Sentí mi corazón encogerse, mis manos sudaban y mis ojos ardían.

Esto no se sentía como siempre imaginé que lo haría. No era nada, menos que nada.

Era injusto.

El teléfono celular que mantenía apretado del lado derecho de mi cara empezó a calentarse como si pudiera sentir lo mismo que sentía en aquel momento. La persona al otro lado de la línea se mantuvo en silencio, fingiendo indiferencia y normalidad.

Esto era mi culpa; nunca debí permitir tanto. Apreté fuertemente mis ojos hasta que de la parte interior de mis párpados comenzaron a estallar los flashes de todos los pequeños y dolorosos momentos de nuestra relación en donde sé, en mi subconsciente, que debí detenerlo.

Supongo que por fin he tocado fondo.

Porque si, hasta el amor posee un limite.

—¿Prometes guardarme el secreto?—repitió la voz ronca y aletargada de Jace al otro lado de la linea telefónica, los murmullos de sus acompañantes ya ni siquiera perturbaban el aire.

¿Prometes guardarme el secreto?

Un escalofrío recorrió mi cuerpo; ya había agotado la cuota de promesas y secretos, cariño, lo había agotado todo; hasta las esperanzas.


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—Será mejor que le pases el teléfono a Oliver.—Contesté con la voz temblorosa, las lágrimas comenzaron a escaparse de las esquinas de mis ojos. Ya no sentía vergüenza, pues la oscuridad de la habitación me aportaba la confianza necesaria para dejar salir el dolor.

Esto no puede estarme pasando a mi.

—Pero yo quiero hablar contigo—contestó—, además, aún no respondes mi pregunta.

—Jace...

—April no puede saberlo —dijo con desesperación. Jamás le había escuchado ese tono de voz, ni siquiera en un estado de ebriedad tan absoluto como este —. No puede. No debe.— Aseguró.

Por supuesto que no.

De pronto, el calor de mi pequeño cuerpo empezó a convertirse en frió; un frió desgarrador que no me permitía sostener firmemente el teléfono, mucho menos hablar sin sonar inestable. Por fin me lo había arrebatado todo.

Lo amaba, lo amaba tanto que le permití hacerme daño y justificarlo.

Le perdoné, con toda la ingenuidad de mi alma, haberme amado con el nombre de su ex en los labios. Así como cada desplante, cada mal gesto y desilusión. Me quedé a su lado en cada error cometido y me obligué arrancarme cada perdón inmerecido, todo porque lo amaba, pero hasta aquí pudo soportar mi atrevido corazón.

Jace, por otro lado, no estaba, ni estaría nunca, tan borracho como para confesar despreocupadamente algo como aquello. Eso no fue más que tantear el terreno para la verdadera acción. Sin embargo, no estuvo ni cerca de salir como él se lo esperaba, aquel silencio al otro lado del teléfono había erizado su piel y fue todo lo que necesitó el alcohol para drenar de su sistema.

Su corazón empezó a ir verdaderamente rápido y se enderezó. A una distancia no tan lejana, se hallaban sus amigos, incluido Oliver, sentados en una acera compartiendo tragos y risas.

¿En qué momento decidió que llamar a la chica que le gusta era buena idea?

—¿A-april?—preguntó, percibiendo por primera vez el clima gélido de la noche.

Entonces lo supo, lo sintió venir, porque si había algo que aquellas dos personas poseían, era una conexión especial que muy difícilmente podría ser rota.

Solo que esta vez estaba actuando en su contra.


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—He estado enamorada de ti desde hace mucho más de lo que te puedo admitir. —Me gritó, su voz salió temblorosa y estrangulada. April no era esa chica.—Pero tú haz hecho y desecho demasiado nuestras vidas como para notarlo. Te he amado desde el primer momento en que mi corazón dolió por ti, desde me llamaras mejor amiga y nos sentenciáramos a solo eso. Sé que me amas, sé que no soy solo yo. Pero no puedo. No puedo esperar a que estés listo para mi, a que sea el momento perfecto, la temporada adecuada. Nunca fuiste justo conmigo.—La escuché caer en algún sitio de su habitación. El aire se escapó de mis pulmones y pensé, como si no lo hubiera hecho en años, si de verdad nunca había sido justo con el amor que me había dado. Logré visualizarla mirándome como si fuera lo más hermoso que alguna vez sus ojos hayan visto, pero también como lo más hermoso que haya perdido.—Porque decirme que me amas por una llamada telefónica a las 3 de la mañana, no es amor, no es nada. No es justo. No cuando yo te he amado y esperado a que lo hagas en mis cinco sentidos por tantos años.

Y colgó, para bien o para mal, me colgó para nunca volver a contestarme el teléfono."



Infinitas gracias por leerme.
Siempre será un placer para mi ser leída por ustedes.
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Hasta pronto.
Besos.

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