2 years ago

Mucho Tiempo Después — Mejores Amigos por Siempre (Segunda Parte)

Hola, cariñitos. ¿Cómo están? ¿Qué tienen para contarme?

Yo he estado bien, bastante distraída con todo lo que esta sucediendo actualmente en mi país (para aquellos que no me conocen, soy venezolana) y también le atribuyo una parte de mi distracción a un nuevo libro que estoy leyendo: La Sombra del Viento.

(Recomdadisímo de mi parte)

Hoy quiero seguirles compartiendo algo especial para mi, aquella historia que comencé en San Valentín. Si aún no la haz leído, debo advertirte que lo necesitarás para continuar leyendo este post.

Así que aquí lo dejo para que no pierdan tiempo.

Feliz San Valentín — Mejores Amigos Por Siempre.

Disfrútenlo.


2. Mucho Tiempo Después

Humo.

El humo de todos los cigarros en el club parecía escaparse de la boca de los fumadores y encontrarse en el cielo, específicamente concentrarse en el techo, exactamente debajo de mi. Haciéndome difícil respirar, mirar, caminar, vivir. Todas unas chimeneas humanas.

Caminé firmemente en dirección a la barra, percibiendo e ignorando algunas fracasadas miradas que intentaban obtener algo debajo de mi falda. Estaba concentrada únicamente hacia dónde me esperaban mis chicos.

Por no decir que los únicos.

—Hay tanta gente del colegio que bien podríamos decir que estamos en una reunión de ex-alumnos.—Me dijo Oliver cediéndome su asiento, sentía la mirada de Jace firmemente en cada uno de mis movimientos, lo miré de reojo aspirar el humo de su cigarrillo y expulsarlo en dirección a la pista de baile, pero no me giré, pues al parecer aun seguíamos muy enojados para eso.

Jace había tomado el atrevimiento de aparecer y espantar a mi cita, un chico realmente increíble que conocí en mi cafetería favorito dónde venden el mejor café de la ciudad, durante la función de cine, hace aproximadamente una semana, por haberlo creído poca cosa y necesitar mis notas de biología para estudiar. Y, lógicamente, yo cobré mi venganza días después apareciendo en su departamento mientras se ponía emocionante la sesión de besuqueos con Ámbar Grandes Senos para que me llevara al dentista.

Jace ni siquiera tiene auto.

Así que si, estábamos más que enojados el uno con el otro.

—Pero también hay otro tanto de dudosa procedencia.— Observamos a los hombres mayores, y posiblemente pervertidos, en las esquinas del club tratando de ligar con las camareras y estudiantes.

Me giré inocentemente hacia la barra siendo consciente de que Jace todavía seguía mis movimientos y encontré a un nuevo muchacho tras ella, no necesité dar mucho más que unas miradas sugerentes para obtener tragos gratis para los tres. Pero, como siempre, Jace ni siquiera lo tocó.

Su mirada de desagrado pasaba del trago al muchacho.

—No siempre podrás hacer eso, April.—Me dijo con los músculos tensos.

—¿Porque los dices tu?—lo reté.

Su mandíbula se contrajo y sus ojos me atacaron, la risa de Oliver no podía parar detrás de nosotros.

—Porque te harás vieja y poco atractiva.

Soltó cada palabra con dureza y frialdad. De entre Oliver y yo, siempre me tocaba la peor versión de Jace cuando se enfadaba. Nunca dura más de una hora enojado con el pelinegro, ¿pero yo? Yo podía recibir balas y balas durante semanas.

—Pero una vieja con grandes trucos bajo la falda.

Casi escuché su mandíbula quebrarse luego de ese comentario y reí con Oliver. No era promiscua ni nada semejante, aunque sí que era consciente de mis encantos. Observé el vaso vacío en mis manos y, por primera vez en años, incluso yo sentí sentí un poco de desagrado.
Quizás si era innecesariamente coqueta. Solamente pude haber pagado el trago.

Sentí a alguien tocar mi hombro y levanté mi rostro inexpresivo hacia la barra, era el mismo muchacho de los tragos con una nueva bebida, la hizo rodar hacia mi y señaló al otro extremo del sitio.

—El de chaqueta negra.—Mencionó y mis dos acompañantes giraron y evaluación detalladamente al jugador.

—9.—Oliver tomó el trago por mi y se lo llevó a la nariz sin ningún tipo de discreción.

Siempre desconfiado.

—5.— Revaluó Jace sin sorprenderme, para él nadie nunca es suficiente.

—Hoy no.—Mencioné, Oliver bebió en silencio. Pero la demandante mirada de Jace reclamaba atención y respuesta. Una que no puedo darle.

Antes de cualquier especulación, la alarma sonó y los tres nos levantamos de nuestros asientos. Llegó el momento. Oliver arrojó un par de billetes sobre la mesa y se levantó en dirección a la mesa de juego, la mano de Jace envolvió mi cintura antes de dirigirme a mi lugar. Sentí su aliento caliente en mi oído.

—Sé cuidadosa, estos son los verdaderos chicos malos.

Esta es la última carrera.

Acarició con detalle la piel descubierta de mi espalda y agregó, pero con voz más tensa.

—Hoy solo somos nosotros 3, Freddie quedó fuera.

El aire se escapó de mis pulmones.

—¿Qué? —Las caricias pararon.

—Ya tendremos tiempo para eso, es momento.

Y, seguidamente, la segunda alarma sonó y Jace desapareció de mi lado. Alcé la mirada hacia las escaleras que conducían al segundo piso del club y vi a Oliver apoyado en la baranda, esperando mi señal.

Respiré, solo una vez más, April. Me dije.

Miré la puerta de seguridad al final de un largo pasillo del club y observé a los guardias, tenía que hacerlo, era el momento. Cerré nuevamente los ojos y recordé: yo soy experta en esto.

Enderecé mi postura y caminé directamente hacia ellos con la más marcada elegancia y seguridad que me caracterizaba. Y vaya que me vieron.

—Gracias por el trago.—Sonreí, sus ojos fueron confundidos, pero en seguida captó mi mensaje.

—Cuando lo desees, hermosa.—Besó de manera prolongada el dorso de mi mano. Me contuve para no voltear los ojos, sé que Oliver me está observando, posiblemente Jace. Espero que todo salga bien.

Observo al más insignificante de los dos, parecía poseer poca experiencia de trabajo.

Varios segundos más y ambos se encontraban tan entregados a mi que nunca se hubieran acordado que custodiaban el cuarto de control. Me acerqué lo suficiente para inclinarme en su hombro y presionar mis pechos de su brazo.

—Si no estás muy ocupado, puedes encontrarme en el baño.— Sonreí, pero estoy segura que lo logró verlo, toda su atención permanecía en mi escote.

Lo sentí deslizar su mano por mi espalda, colocándola sobre la zona donde antes estuvo la áspera y caliente mano de Jace.

Retrocedí lo suficiente para que viera la falsa honestidad en mi deseo y me empecé a alejar, dejándolo anonadado, mientras miraba mi escote le daba la misma mirada a su amigo en dirección al otro baño. Me giré yendo al lugar prometido número y subí disimuladamente mi vista hacia Oli.

Tú turno. Le dije de manera insonora y enseguida me contestó: suerte.

Porque sabe que me tocó la parte más difícil de nuestro plan.

Jace

Observé a la castaña adentrarse en el sanitario de mujeres y minutos después al guardia fornido de seguridad, el otro chico esperaba la retirada de su compañero para correr en dirección al sanitario contrario.

Sentí la sangre bombear rápidamente en mi pecho, no por lo que estábamos haciendo, sino por lo que pudiera hacer April para lograr nuestra meta. Nunca había sentido tanta impotencia en mi vida como cada vez que tenía que verla exponerse de esa forma al peligro por nosotros. Nunca me había odiado tanto por no poder evitarlo.

Con el nudo en la boca del estómago seguí silenciosamente al último guardia por la espalda.

Sentí el calor acumularse en mi pecho al verlo entrar desabrochándose el cinturón.

Contuve la respiración para no matarlo, concéntrate Jace, esta es la última vez. Me dije, y lo encerré.

Ahora es cuándo empieza la verdadera diversión. Pensé. Solo 15 minutos antes de que lleguen más de ellos.

April

Humo.

El humo que antes se concentraba en el techo parecía incrementar hasta descender y abarcarlo todo. Incluso mis pulmones. Haciéndome imposible mantener los ojos abiertos y respirar.

Solo habría necesitado unos pocos minutos más, unos pocos segundos, y quizás todo habría acabado distinto. O quizás no.

Estaba cayendo.

Estaba muriendo.

Pensé que lo había hecho bien hasta ahora. Y entonces estaba tirada en algún lugar oscuro y solo, con los pulmones ardiendo a fuego vivo y perdiendo poco a poco mi lucha por seguir adelante. No podía moverme. Aún así mi mente lograba viajar y mantenerme en un lugar agradable que me diera confort antes de irse también como todo lo demás.

¿Y saben que pensé durante todo ese tiempo?

Retazos y retazos de recuerdos explotaron detrás de mis ojos fuertemente cerrados como fuegos artificiales en año nuevo. Todas ellas mostrándome lo mismo.

Jace.

En sus ojos verdes, sus malas palabras, en su risa, el sonido de su voz, en todo.

Y quise llorar por no haberlo perdonado cuando tuve la oportunidad.

Oliver.

Recordé cada pequeña porción de amor que recibí y aprecié de él.

Mi familia

Los maravillosos padres que me dio la vida y hoy atormentaré con el final de mi vida.

E, inesperadamente, hice algo completamente olvidado en mi vida perdiendo la fe... Recé. No lo hice por mí, no lo hice por nadie en específico, lo hice por todos aquellos que esperaba pudieran seguir sus vidas y encontrar el camino correcto. Recé con ganas, alto, recé y recé mientras me perdía entre el dolor, el calor y mi miseria.

Y entonces unas manos tomaron mi rostro y me incendiaron en donde sea que pasaban.

—¿April? ¡April, maldición, no! No me hagas esto, bonita. Abre los ojos.—Gritó una áspera y masculina voz ahogada.—¡April!

Me estremecí, sus mano sujetaron con fuerza mis brazos. Me elevó del suelo caliente. Pero seguía sientiéndome en llamas.

Me encontraste.

—Te sacaré de aquí, maldición. April, no me asustes. Tienes que quedarte conmigo, ¿me oyes? Vas a estar bien, lo sabes. Cuido tú trasero y tú cuidas el mío. Por favor... Por favor, lo prometimos.

La voz estrangulada de Jace me hacía sentir en casa. No podía moverme para decirle que lo estaba escuchando, no me sentía dueña de mi cuerpo ni podía encontrar mi camino de vuelta.

Me sujetó con fuerza y corrió, me agitaba en sus brazos y me sentía morir a cada segundo consumido, hasta que de repente su tacto caliente dejó de formar parte de mi martirio.

Aire.

Aire fresco golpeó duro y euforicamente mi cuerpo.

De haber podido hacer algo, habría llorado.

—¡Oliver ayúdeme, por favor! ¡Necesito ayuda aquí!—me sentí tocar duro contra el suelo frío y mis sentidos brincaron al sentir la tierra.

Había mucho ruido que vagamente fui identificando como ambulancias, gritos, llanto y desesperación.

—Bonita, sé que me oyes, tienes que oírme. Toda esta mierda pasará, ¿de acuerdo? No dejaré que nada más suceda.

Y sentí su voz alejarse, su agarre se desvanecía, no sabía qué estaba pasando. Me desesperé.

No podía moverme, lo estaba perdiendo, traté de aferrarme a Jace.

—Oh no, ¡Jace qué está pasando! ¡Corre y busca el auto!—reconocí la asustada voz de Oliver entre bruma que desorientaba mis sentidos. —¡Muévete!, ¿Qué crees qué haces? ¡La perdemos, joder, la perdemos! ¡Corre!

Y, sin saber si corrieron o no. Me fui.

Pidiéndome perdón por ser débil y no seguir luchando.

Olor a madera y pino, todo lo contrario al humo, inundaba el aire que respiraba, así que empecé a soñar con eso.

Odio el olor a pino.

—Escúchame, ya has tenido suficiente. Ven y abre esos ojazos y dime que estarás bien. — La voz cansada de Jace llegó como un susurro a mis oídos. Me dolía. Todo en mi dolía. Estaba agarrotada, entumecida y adolorida, o cualquier otra palabra sinónima a ello, era tan indescriptible, tan extraño.— No me hagas sufrir, bonita. ¿Vale?, no volveré a meterme contigo y decirte que serás fea y poco atractiva, no más malas palabras en casa de tus padres, lo que quieras, no más espantar a tus citas ni a los imbéciles que sé que puedes sacarte de encima. Pero, por favor, abre los ojos.

Y fui tomando conciencia de mi entorno, de sus manos fuertemente sujetas a las mías. Su voz melancólica me sacó de balance, me hizo querer nadar hasta la conciencia y verlo por mí misma.

Así que abrí los ojos.

Y la vista de un Jace cansado, sucio y con la ropa hecha tirones fue todo lo que vi antes de volver a ahogarme y sentir como algo tiraba de mi desde el fondo de mi ser.

Estaba teniendo un maldito ataque de asma.

Rápidamente se movilizó por la rústica habitación y encontró el inhalador de emergencia que guardaba en uno de sus cajones. Pudo socorrerme al tiempo justo y me sentí débil y chiquita, no podía permanecer tanto tiempo en mi propia piel.

—L-lo... Si-e-ento.—me forcé a pronunciar con la garganta a carne viva.

Sus ojos me vieron con amor.

—Nada de esto fue tu culpa.

Llevó su mano a mi rostro y acarició mi mejilla, la cual debe estar sucia y herida.

—Eres la chica más valiente que he conocido en mi vida ¿sabías? Pero no vuelvas a hacerme creer que te perderé, April. Porque voy a patear tu bonito trasero muy fuerte la próxima vez.

Rió, pero sus ojos estaban lejos de corresponderle a ese gesto.

Estábamos en la habitación del pánico, ubicada dentro del departamento heredado de Jace, el cual estaba hecho un desastre. Nombrada así por ser una habitación aislada de resto, camuflada con el tono de las paredes y cuadros decorativos. Tenías que saber que estaba ahí para poder encontrarla.

Mi mirada viajó por la estancia y se detuvo en sus demandantes ojos.

—¿Q-uee su-ceedió?—pregunté forzando mi áspera e irritada garganta. Sentía que había tragado un montón de tierra.

La postura de Jace se tensó al instante y adoptó una mirada más sombría y aterradora, nada parecida al bonito chico de hace un momento. Estuve a punto de estirar mi mano hacia él y la hostilidad que emanaba me detuvo.

¿Qué estaba pasando?

Sin haberlo esperado, la puerta de abre abruptamente dejando pasar a un Oliver con ojeras, brazos vendados y lleno de raspones. Su mirada era perdida pero angustiada, lucía alarmantemente enfermo. Se detuvo al momento que me vio despierta y desorientada.

Pero siguió hasta dar con la mirada de Jace, quién se mantuvo a la expectativa desde su acceso a la habitación, la sostuvieron unos segundos, importantes segundos. Y, sin saber qué significaba ese asentimiento por parte de Oliver, pude intuir lo que estaba sucediendo.

Estábamos cayendo en picada a quién sabe dónde.

La habíamos cagado en grande.


¿Qué opinan? ¿Les gustó?

Saben que pueden comentarme sin ninguna vergüenza lo que piensan, siempre estaré encantada de leerlos.

Eternamente agradecida de que ustedes me lean.

Besitos.

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